Límites, abuso y trauma.

Están dispuestos a humillarnos con más abusos.

En el interminable drama apocalíptico que conduce a esta supuesta Nueva Era a la que estamos siendo dirigidos, la narrativa oficial ha comenzado una vez más a tocar al ritmo de cierto microbio ficticio y peligroso que todos conocemos demasiado bien. Ya lo dije hace meses. Intentarían hipnotizarnos de nuevo con esta narrativa cargada de miedo o algo por el estilo. Y ahora, parece que estamos aquí, en este momento del presente. Están dispuestos a humillarnos con más abusos y pretenden intentar forzarnos una vez más a la sumisión. Sin embargo, antes de seguir adelante y profundizar un poco más en temas sobre los que ya he escrito, me gustaría dedicar y centrar nuestra atención en los temas de los límites, el abuso, el trauma, así como los trastornos disociativos, con el fin de sentar las bases de lo que me gustaría exponer. Este post es un poco más largo que los anteriores por la necesidad de explicar cierta terminología. Como especie que se ha visto obligada a normalizar una determinada forma de vida sistémica y todo el abuso que conlleva, me ha parecido oportuno abordar estas cuestiones de manera breve y extrapolar un poco cómo se relacionan con nuestra existencia colectiva, dada nuestra actual situación mundana, así como plantear algunas preguntas en consecuencia.

Los límites ayudan a definir dónde acaba el espacio personal de una persona y empieza la de la otra.

Los límites protegen el espacio personal de una persona, ya sea físico, mental o emocional, como las vallas que dan intimidad a los vecinos y les ayudan a sentirse seguros. Por tanto, podríamos decir que un límite es una línea imaginaria que separa a una persona de otra. Separa su espacio físico y energético, sus sentimientos, sus necesidades y sus responsabilidades de las de otras personas.  Los límites ayudan a definir dónde acaba el espacio personal de una persona y empieza la de la otra, y constituyen los límites físicos y emocionales del comportamiento adecuado entre dos o más personas. Los límites comunican cómo una persona prefiere ser tratada y qué es aceptable e inaceptable. Cuando no se establecen límites, las personas pueden sentirse usadas o maltratadas. En circunstancias normales, la mayoría de la gente, empieza a aprender sobre límites en su propia casa, a través de su familia. Si las personas no tienen la oportunidad de aprender límites sanos de niños, pueden tener problemas con ellos de adultos. La investigación ha demostrado que en las familias con límites sanos y flexibles, cada persona puede convertirse en un individuo distinto con sus propios intereses y capacidades. Los límites sanos pueden contribuir a una sensación de bienestar y autoestima a lo largo de toda la vida, ya que expresarlos empodera al individuo.

Todos hemos tenido experiencias de abuso.

Es poco probable que el lector necesite una explicación del concepto de abuso. No obstante, merece la pena explorar su definición dentro del discurso de la salud mental. La Asociación Americana de Psicología define el abuso como crueldad, violencia o conducta invasiva por parte de una persona hacia otra persona o animal que resulta en daño físico, sexual, emocional o psicológico. El maltrato puede clasificarse a su vez en maltrato físico, sexual, psicológico o emocional, económico o material, violencia doméstica o de pareja, así como maltrato discriminatorio. La negligencia o el abandono también se consideran maltrato, así como el maltrato en el lugar de trabajo o el maltrato organizacional o institucional. Estoy convencido de que a estas alturas el lector tiene claro que en cualquier tipo de dinámica abusiva, hay una fuerte violación de los límites. En este hermoso y loco mundo nuestro, todos hemos tenido experiencias de abuso de una forma u otra.

La experiencia traumática de cada persona es distinta.

El trauma surge como respuesta de un individuo frente un acontecimiento extraordinariamente angustioso desde el punto de vista psicológico, por ejemplo, un accidente, un acto violento (por ejemplo, violencia sexual), una guerra o una catástrofe natural. Los incidentes traumáticos son indistintos en términos de edad y pueden causar efectos duraderos en la salud física, emocional, mental y espiritual del individuo. Aunque la experiencia traumática de cada persona es distinta, hay síntomas y causas de estrés postraumático no tratado que son ampliamente reconocidos. Los síntomas del trauma pueden incluir dolores de cabeza, náuseas, pérdida de memoria, negación, así como emociones erráticas. Los síntomas prolongados pueden provocar cambios en el comportamiento, la cognición y los procesos perceptivos, lo que en última instancia repercute en la vida cotidiana del individuo y en sus vínculos personales. Un trauma no resuelto puede llevar a revivir el suceso de forma recurrente, incluso en casos en los que no existe una conexión aparente entre el incidente inicial y las experiencias posteriores a nivel consciente. Esto puede reforzar las respuestas del individuo ante situaciones estresantes, reforzando la consolidación de modificaciones conductuales y conceptuales, como se ha indicado anteriormente. Estos cambios pueden mantenerse durante toda la vida, independientemente de su idoneidad o eficacia en circunstancias específicas, debido a la perspectiva distorsionada de la persona. Es crucial abordar y resolver cualquier síntoma relacionado con el trauma para promover una recuperación completa.

La disociación se utiliza como mecanismo de defensa.

Existe una relación bien documentada entre el trauma, en particular el abuso o el abandono en la infancia, y el desarrollo de trastornos disociativos. La disociación se utiliza como mecanismo de defensa, permitiendo a los individuos separarse de una experiencia traumática insoportable. Entre los síntomas más comunes de los trastornos disociativos están la pérdida de memoria, la desconexión física del cuerpo, el distanciamiento emocional y la pérdida de identidad, por nombrar algunos. La disociación puede provocar problemas en las relaciones, ansiedad, depresión y puede conducir a autolesiones. El Trastorno de Identidad Disociativo (TID), antes conocido como Síndrome de Personalidad Múltiple, es la manifestación extrema de estos efectos. El TID provoca confusión de identidad, lo que hace que la personalidad se fragmente en una o más personalidades alternativas que le ayudan a hacer frente a sus circunstancias de abuso. El abuso tiene implicaciones enormes y un efecto perjudicial en nuestra auto-percepción personal, colectiva y nuestra forma de vida. Me gustaría destacar que el tratamiento oportuno de los problemas a los que se enfrentan los supervivientes de traumas prolongados y repetidos es crucial para prevenir la posibilidad de que acaben perpetrando abusos ellos mismos.

Nuestra verdadera identidad perdida en el éter de tiempos olvidados.

Me gustaría invitarles a contemplar cómo nuestra personalidad ha sido moldeada por una sociedad que ha venerado actos de violencia y agresión a lo largo de nuestra historia. En última instancia, el vencedor determina el relato, y los opresores suelen ser encantadores y hábiles a la hora de tejer narrativas. Hemos sido testigos de que ejercen su poder hipnótico demasiado bien.  Es sustancial, la probabilidad de que todos hayamos sido coaccionados a muchos niveles para aceptar esta realidad actual como Verdad, esto ha sido posible gracias a una exposición prolongada a graves abusos y traumas. Estas circunstancias han dado lugar a una especie parcialmente o totalmente desconectada de su naturaleza esencial.  La forma en la que solíamos comunicarnos, nuestra historia, nuestra forma de vida y nuestra verdadera identidad perdidas en el éter de tiempos olvidados. En algún momento de nuestra historia, en respuesta a una perturbación emocional de dolor, pena y pérdida, decidimos de forma colectiva fragmentar nuestra alma y conciencia para crear una nueva realidad mundial fragmentada que justificara y racionalizara el trauma y la pérdida experimentados por todos. En consecuencia, creamos un mundo desvinculado de nuestro bienestar físico, emocional, intelectual y espiritual. No queríamos sentir toda la pena y el dolor. A su debido tiempo, nos enseñaron a desconectarnos de nuestra sabiduría corporal y a venerar nuestra naturaleza intrínseca como una fuerza poderosa y despiadada que residía en los cielos lejanos. Con el tiempo adoptamos métodos opresivos y parasitarios que se habían utilizado para traumatizar a nuestra especie hasta la sumisión, provocando la disociación de nuestra esencia espiritual y nuestros cuerpos.

Los confines de nuestro marco mental colectivo.

No puedo asegurarte con certeza, que la historia que acabo de exponer en el párrafo anterior sobre nuestra especie, sea la VERDAD Universal. Es simplemente lo que he llegado a comprender a través de mi propia experiencia, en mi propio camino. Es como una analogía de mi comprensión. Sé quiénes somos y qué somos. ¿Lo saben ustedes?. Saber quién eres tiene consecuencias incuestionables. En mi mente no hay dudas y sólo me queda indicar, hacia donde se ha demostrado que es la dirección correcta para mí. Pero al final cada uno debe uno debe buscar sus propias respuestas. Tu camino es entre tu y lo Divino. En cualquier caso, echemos un vistazo a lo que podría estar ocurriendo dentro de los confines de nuestro marco mental colectivo, y cómo podríamos relacionar toda esta información. ¿Puede el lector reconocer algunos de los síntomas de los trastornos disociativos en nuestra especie o en sí mismo? Dejemos de lado algunos de los síntomas “menores” y vayamos directamente a la yugular, como se suele decir.  Exploremos la desconexión física del cuerpo, el distanciamiento emocional y la pérdida de identidad propia.

Desconexión física con el cuerpo.

Mi opinión es que, en general, nuestra especie manifiesta una desconexión con el cuerpo fisico. Una persona puede tener un cuerpo esculpido y aún así estar desconectada de él en algún nivel. Por eso en el mundo espiritual se hace tanto hincapié en el trabajo de enraizamiento. El enraizamiento en sí mismo es toda una montaña rusa en el camino. Cuanto más enraizados estemos, más se activan nuestras habilidades empáticas y de otro tipo, y calibrarlas es una gran hazaña en sí misma. Ya he hablado de todo esto en entradas anteriores. ” La sintiencia es parte de la experiencia divina” y “ser humano es ser sensible por naturaleza de una manera extrasensorial y mágica” son dos citas de mi post anterior que subrayan este punto. Por desgracia, la mayoría de la gente no está conectada a tierra y sólo percibe su conexión o falta de conexión con sus cuerpos a través del prisma de la mentalidad matrix.

Distanciamiento emocional.

Como ya comenté en “Ritos de pasaje, vida y muerte“, si algo nos ha demostrado los últimos acontecimientos, es que una gran parte de la población está desvinculada emocionalmente, no solamente de sí mismos, sino de las de otras personas también. Muchos se aterrorizaron ante la mera presencia de otro ser humano durante la plandemia porque se lo indicaron. Otros hicieron grandes sacrificios, aparentemente por un bien mayor, pero yo argumentaría que las motivaciones eran totalmente egoístas y egocéntricas para la mayoría, y basadas en el miedo a morir y/o perder su patrimonio económico. ¿Por qué si no habríamos permitido que se cometieran tantas atrocidades?. La matanza selectiva de nuestros ancianos. El maltrato que sufrieron nuestros hijos para soportar la escuela. La gente deseó literalmente la enfermedad y la privación de servicios médicos a aquellos que desafiaban la narrativa oficial y los pinchazos tóxicos. Podría continuar, porque los ejemplos son interminables, pero la cuestión está clara. ¿Reconoces el distanciamiento emocional, entre otras cosas?.

 

Pérdida de identidad propia.

En lo que respecta a la pérdida de identidad propia, según mi experiencia y como ya afirmé anteriormente en “La humanidad es sagrada“, el problema central al que se enfrenta nuestra especie es el de identidad. Si todos supiéramos quiénes somos realmente sin ningún lugar a dudas, ni siquiera estaríamos en este aprieto. Si una parte de la población sigue preguntándose si es hombre o mujer, a pesar de tener pruebas físicas entre las piernas, ¿cómo puede reflexionar sobre nuestra identidad como especie? Cuando una persona o un grupo de personas se creen superiores al resto por la razón que sea, no se dan cuenta de que, al final, el juicio y la sombra que proyectan es, en última instancia, un reflejo de su propia imagen. Si otra parte de la población piensa que la Humanidad está destruyendo nuestra tierra y son el verdadero problema, está claro cómo se identifican a sí mismos y a nuestra especie. Incluso muchos que podrían considerarse diferentes, especiales o espirituales, preferirían identificarse con razas alienígenas, fuerzas angélicas o una deidad antes que ser un ser humano. Aunque pueda o no haber verdad en sus creencias respecto a sus orígenes o identidad, no es más que una indicación de que su espíritu aún no está totalmente reintegrado en su sistema.

Este mecanismo de supervivencia se creó para hacer frente a traumas colectivos.

La narrativa oficial reconoce todas las formas de abuso que pueden sufrir las personas por el bien común o por otras razones. Sin embargo, no aborda el hecho de que los principales autores de abusos en nuestra realidad actual proceden de nuestras propias instituciones nacionales, de instituciones internacionales y de organizaciones privadas. Los anhelos sin escrúpulos de estas entidades corporativas, exigen que nuestra especie se sacrifique continuamente y perpetúe nuevas capas de abuso sistémico entre sí para mantenerse en el poder. Sin nuestro consentimiento, todo esto no sería posible. Es hora de que rechacemos esta forma de vida, retiremos nuestro consentimiento y comencemos a vivir en armonía, en concordancia con nuestra verdadera naturaleza. Confío en que entiendas mi argumento sobre el trauma de la humanidad. Nuestra especie se ha desconectado de su esencia innata debido a repetidas experiencias traumáticas.  En algunos sentido, podría decirse que la humanidad presenta síntomas de Trastorno de Identidad Disociativo, por el que operamos desde una personalidad distinta que fue creada para hacer frente a las secuelas de una determinada situación o cadena de acontecimientos traumáticos. Esto puede explicar nuestra tolerancia ante una realidad incoherente como la actual y nuestra aceptación de un nivel significativo de abuso y de engaño como algo habitual. Asimismo, puede explicar nuestra incapacidad para reconocer nuestra verdadera identidad y propósito como especie. Le recordaré al lector, como a estas alturas ya sabrá, que este mecanismo de supervivencia se creó para hacer frente a traumas colectivos del pasado. Es hora de darle las gracias al programa que creamos como medio de protección para nosotros mismos y comprometer esta energía hacia un nuevo propósito que esté más alineado con lo que queremos para nosotros ahora.

Somos una especie divina y hermosa.

En este momento, mi intención es reconocer el trabajo de base y la comprensión del abuso, el trauma y los trastornos disociativos que han proporcionado los campos de la psicoterapia, el trabajo corporal y la espiritualidad. Es muy probable que nuestro diálogo actual no hubiera sido posible sin este trabajo previo. Gracias a todos.

No es para emitir juicios cuando escribo estos posts, sino para aportar una comprensión intelectual básica, según mi experiencia, de cómo percibo que es la situación. Si se puede empezar a percibir algo que antes estaba oculto o desenfocado, entonces se puede hacer algo al respecto, ¿verdad?. Sí elegimos ignorar el abuso que hemos estado soportando, incluso antes de que empezara la plandemia, entonces estamos condenados a seguir tomando las mismas decisiones basadas en una mentalidad de miedo, miseria y enfermedad. ¿No crees que ya es hora de cambiar todo esto?. Estoy seguro de que somos una especie divina y hermosa. Sólo me queda esperar que el lector lo descubra por sí mismo. Rezo para que la humanidad despierte de la mentalidad aprisionada que sólo nos limita de todas las formas imaginables y nos separa del resto de la existencia.

 

Hare Om Tat Sat

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